
¿Cómo se pueden explicar los derechos de la infancia para que dejen de ser conceptos abstractos y se conviertan en algo que los niños y niñas puedan reconocer y aplicar en su día a día? Este fue el punto de partida del proyecto que Manos Unidas planteó a Mediterrània Games.
El reto consistía en transformar los 41 artículos de la Declaración de los Derechos de la Infancia en una propuesta más cercana, visual y participativa. Para ello, el proyecto los sintetizó en 12 grandes principios: igualdad, prioridad, libertad, protección, amor, cuidado, dignidad, identidad, educación, seguridad, respeto y justicia.
A partir de estos 12 principios, trabajamos en una mecánica que permitiera aprender los derechos jugando, pero también reflexionar sobre qué significan y cómo pueden ayudar ante diferentes situaciones.
El resultado es “Los 12 poderes de la infancia”, un juego de cartas en el que cada derecho se convierte en un “poder” que los jugadores pueden utilizar para defenderse ante diferentes problemas.
De conceptos abstractos a situaciones cotidianas
Uno de los puntos clave del desarrollo era conseguir que los niños y niñas no solo memorizaran los 12 derechos, sino que pudieran entender cuándo entran en juego y por qué son importantes.
Por eso, el juego se construye a partir de dos tipos de cartas. Por un lado, las cartas “poder”, que representan los 12 derechos. Por otro, las cartas “problema”, que plantean diferentes situaciones ante las que hay que tomar una decisión.
Durante la partida, cada jugador recibe cartas de poder. A continuación, se descubre una carta problema y todos deben escoger cuál de sus cartas consideran que puede ayudar a defender esa situación.
Caundo se gira la carta, se descubren los derechos relacionados con esa situación. De esta manera, la mecánica permite comparar las decisiones de los jugadores con las posibles respuestas y abrir una conversación sobre qué derecho interviene en cada caso y por qué.
Así, situaciones como las burlas, los rumores, la discriminación, no poder expresar una opinión, no poder ir a la escuela o sufrir una situación de maltrato se convierten en puntos de partida para hablar de los derechos que hay detrás.

Un juego que también se puede adaptar
El proyecto incorpora otro elemento especialmente pensado para su uso educativo: las cartas en blanco.
El juego está formado por 72 cartas: 36 cartas de “poder”, 24 cartas “problema” y 12 cartas en blanco. Estas últimas permiten que cada docente, educador, familia o grupo pueda incorporar situaciones propias y adaptar el juego a su realidad.
Esta posibilidad hace que el juego no sea una experiencia cerrada. Las situaciones se pueden ampliar y actualizar a partir de lo que ocurre alrededor de los jugadores, convirtiendo las cartas en una herramienta para seguir hablando de convivencia, protección, igualdad y participación infantil.
Aprender, decidir y conversar
Más allá de la mecánica, uno de los objetivos del proyecto era cambiar la manera de acercarse a los derechos de la infancia.
En lugar de explicarlos de manera unilateral, “Los 12 poderes de la infancia” propone situaciones, invita a tomar decisiones y permite argumentarlas. El jugador debe identificar qué derecho puede ayudar ante un problema y descubrir después qué relación existe entre esa situación y los diferentes derechos.
Esta manera de plantear el juego convierte el aprendizaje en una experiencia activa y sitúa a los niños y niñas en el centro del proceso: conocer sus derechos también significa tener herramientas para identificar situaciones injustas, expresarse, pedir ayuda y protegerse.
Para Mediterrània Games, este proyecto es un ejemplo de cómo el desarrollo de un juego a medida puede transformar un contenido complejo en una experiencia accesible y participativa. En este caso, el reto era dar forma jugable a una declaración fundamental para la protección de la infancia y convertir sus principios en una herramienta para aprender, reflexionar y dialogar.
